
José Luis Aranda (IPROMA) advierte sobre los límites analíticos para cumplir la Directiva de Aguas Residuales Urbanas
El representante de Eurofins IPROMA alertó en SMAGUA 2025 sobre la necesidad de reforzar la capacidad técnica de los laboratorios para detectar nuevos contaminantes.
ADECAGUA
El 6 de marzo de 2025 se celebró en Zaragoza la Jornada “Los nuevos contaminantes y los retos en el tratamiento de aguas residuales urbanas”, organizada por ADECAGUA en el marco de SMAGUA 2025. Este evento técnico reunió a más de un centenar de profesionales del sector para analizar los efectos de la Directiva (UE) 2024/3019, que establece un nuevo marco normativo para el tratamiento de microcontaminantes en el ámbito urbano.
Durante la jornada, se abordaron cuestiones normativas, financieras, analíticas y operativas relacionadas con la eliminación de sustancias como PFAS, fármacos y microplásticos en las aguas residuales. Una de las ponencias más técnicas fue la de José Luis Aranda, responsable del laboratorio de cromatografía de Eurofins IPROMA, que llevó por título “Problemática del análisis de nuevos contaminantes”.
En su intervención, Aranda expuso con claridad los retos que plantea el análisis de microcontaminantes en condiciones reales. Señaló que muchas de las sustancias incluidas en la nueva normativa deben detectarse en concentraciones extremadamente bajas, del orden de nanogramos por litro, lo que requiere tecnologías de altísima sensibilidad y procesos de preparación de muestras altamente exigentes.
Destacó, además, que los distintos tipos de muestras —aguas brutas, efluentes tratados, lodos— presentan una complejidad analítica elevada por su carga orgánica, lo que obliga a realizar tratamientos previos muy cuidadosos antes de poder aplicar técnicas instrumentales como la cromatografía.
Un ejemplo particularmente exigente es el análisis de PFAS, donde el uso de materiales como viales, tubos o reactivos contaminados con fluoropolímeros puede invalidar completamente los resultados. Por otro lado, en el caso de los microplásticos, Aranda explicó que aún no existe una metodología normalizada en Europa. Actualmente se utilizan técnicas como la microscopía óptica, la espectroscopía vibracional o la filtración en cascada, pero los protocolos no están armonizados ni validados a nivel comunitario.
El ponente también señaló una paradoja crítica: aunque la Directiva impone límites de eliminación y control, en muchos casos aún no existen valores normativos de referencia ni límites de cuantificación claros. Además, faltan materiales de referencia certificados y una red consolidada de laboratorios homologados que puedan garantizar resultados consistentes y comparables.
Aranda fue contundente en su conclusión: sin una base técnica robusta, el cumplimiento de la normativa corre el riesgo de quedarse en papel mojado. Subrayó que “sin datos válidos no hay evaluación posible, y sin evaluación rigurosa, la regulación pierde toda su credibilidad”.
Reivindicó, finalmente, el papel central de los laboratorios en el nuevo modelo de gestión de la calidad del agua. No deben ser solo el último eslabón de la cadena, sino parte esencial en la estrategia de implementación, innovación y verificación de resultados.
ADECAGUA